Medalaganariamente…

agosto 24, 2009

La solución está en nuestras manos

Filed under: Mis artículos en Clave — medalagana @ 12:29 am

Frente al deterioro constante de nuestra sociedad, todos estamos de acuerdo en que hay que buscar una solución; no debemos conformarnos y sentarnos de brazos cruzados a dejar que el país se hunda y llorar cuando nos veamos con el agua en las narices.

 Los comentarios sobre nuestra realidad social parecen una letanía y concluyen con una fatídica sentencia: “Esto se fuñó, que el último que quede apague la luz, si hay”. ¿Cuál es el resultado de esa actitud? Es un círculo vicioso. Nuestra impotencia nos lleva al conformismo, a la aceptación del status quo y esa actitud mantiene el desastre en pie.

Creo firmemente que el cambio de nuestra sociedad empezará a producirse a partir del ejercicio de nuestros derechos de manera activa y el cumplimiento irrestricto de nuestros deberes.

 ¿Nos molesta vivir en una sociedad ruidosa? ¿Entendemos injusto el elevado costo de la electricidad que además no recibimos? ¿nos parece que los supermercados y colmados abusan? ¿estamos cansados del trato que recibimos de las entidades financieras donde colocamos nuestro dinero? ¿estamos cansados de los funcionarios corruptos? ¿nos molestan los tapones y queremos que se resuelva el problema del tránsito?  ¿nos preocupa el medio ambiente?

 Pues les doy una noticia: los funcionarios de hoy, mañana y siempre, solos, sin nadie que los empuje, les exija, los ponga entre la espada y la pared, no van a hacer nada, absolutamente nada por resolver los problemas que nos afectan. Son tontos, porque ellos viven aquí también y cuando dejen de ser funcionarios entrarán a formar parte de nuestro grupo, pero la borrachera del poder les hace olvidar esa condición momentáneamente.

 Son tontos también los empresarios que creen que pueden mantenerse ofreciéndonos pésimos servicios, cuando al final viven en esta misma sociedad y su descalabro se traducirá necesariamente más tarde o más temprano, en efectos negativos para sus propias empresas.

 De modo pues que la única forma de cambiar las cosas es tomar el toro por los cuernos, hacer uso de los instrumentos legales que nos ponen a nuestro alcance para decir que creen en la institucionalidad y la transparencia, y poner este país en marcha, de verdad.

 Es cierto que es un viacrusis elevar denuncias a las autoridades, pero hay que hacerlo, para ponerlos a trabajar y que se den cuenta – funcionarios y empresarios – que tienen que cumplir sus obligaciones, porque insistiremos sin descanso hasta lograr nuestro objetivo: vivir en un país decente, donde el ciudadano sea respetado, donde los fondos públicos se usen para resolver los problemas colectivos y no los particulares de quien los maneje o sus allegados y familiares; y donde se nos ofrezcan servicios de calidad y conforme al precio que pagamos.

 El camino es tortuoso, ¿quién dijo que será fácil?, pero hay que iniciar la marcha si no, nunca lograremos nuestra meta.

 Hace unos años, para lograr los objetivos mediatos era necesario alzarse en armas, recurrir a la fuerza y no podemos decir que el esfuerzo no valió la pena, todo lo contrario; hoy, a pesar del desorden imperante, tenemos derechos y quienes nos dirigen quieren hacernos creer que tienen la voluntad de respetarlos.

 Ahora corresponde llevar la teoría a la práctica; el método tiene que ser diferente, las circunstancias sociales ameritan acciones de otro tipo y todos, juntos dentro de nuestra diversidad y nuestras diferencias, podemos lograrlo.

 Pero para hacer todo esto es necesario comprometernos personal e individualmente con el cumplimiento de nuestros deberes, otra tarea difícil pues implica nadar contra la corriente.

 Yo creo que tenemos una oportunidad, creo que la sociedad va a cambiar, que la conciencia ciudadana nos llevará a tener un mejor país, sino para nosotros, para nuestros hijos. Estoy segura de ello.

 No basta con quejarnos, con opinar, con disentir, hay que actuar.

 Recientemente un grupo de jóvenes dio un ejemplo de civismo y compromiso a todos los que nos quejamos sin hacer nada; solos, sin apoyo comercial ni político, decidieron no quedarse callados y protestar pacíficamente a través de la música, de la expresión artística; nos demostraron que seguirán gritando hasta que les oigan y que lo harán respetando los derechos de los demás a disentir, sin agresiones, sin quemar gomas, sin violencia.

 ¡Qué hermoso fue ese acto cívico de ciudadanos jóvenes comprometidos! Muchos apostaron al fracaso, a que a la Plaza de España acudieran sólo tres gatos a gritar “No a la Cementera”, a que se armara un desorden, a que sólo acudieran los “hijos de papi y mami” que injustamente acusan de vagos y estereotipan simplemente porque han tenido oportunidades que otros no tienen. Pues se “guayaron”, la actividad fue éxito.

 Escuché críticas. Muy tontas por cierto. Yo prefiero quedarme con la voz hermosa de los artistas jóvenes y otros no tan jóvenes de edad, pero jóvenes de corazón y que mantienen vivos su compromiso de toda la vida.

 A todos ellos, gracias por no quedarse callados, por servir de inspiración a las pocas acciones que individualmente somos capaces de iniciar los demás. Gracias por sensibilizarnos sobre la importancia de nuestro medio ambiente; gracias por demostrarnos que a ustedes les preocupa todo el país y no sólo el pedacito de barrio en el que viven; gracias por enseñarnos a protestar con altura y decencia; gracias por aportar de manera positiva al cambio y no permitir manipulaciones interesadas.

 Sus acciones deben ser emuladas, por todos, cada uno de nosotros debe asumir no quedarse callado frente a la impunidad, a la corrupción, a la delincuencia, al desorden y a la desfachatez de quienes dirigen este barco por aguas turbulentas y nos dejan desamparados mientras creen con su prepotencia, que esas acciones no les afectarán.

 ¡Qué estúpidos son! Este país es de todos, incluso de ellos, todo lo que hagan para destruir a nuestra sociedad terminará por afectarles personalmente más tarde o más temprano.

 Iniciemos una cruzada contra el desorden y asumamos un compromiso ciudadano de forma activa y militante. Ignoremos a los partidos políticos, a los gobernantes de turno, a los empresarios insensibles, dejémoslos que les atrape nuestra ola y se vean obligados a someterse al nuevo esquema que crearemos a través de un ejercicio responsable y efectivo de nuestros derechos.

 De verdad creo que es la única forma. Dicen que con borrachos no se discute; actuemos, dejemos que a esos borrachos de poder se les pase la borrachera y vamos a apoderarnos de nuestro país de una vez y por todas; es la única salida.

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