Medalaganariamente…

mayo 25, 2009

Objetivos claros

Filed under: Experiencias judiciales — medalagana @ 10:44 am

Sentencia2Cuando María Isabel Soldevila y Margarita Cordero vinieron a mi oficina para hablar sobre las acciones extrajudiciales del Senador Williams en su contra y en contra de Norma Shephard, les expliqué que había dos maneras de abordar el asunto: personal e institucional, cada una con objetivos diferentes; por lo que era necesario establecer cuáles eran sus intenciones como las directamente agraviadas por esas acciones. Ellas desde el principio lo tuvieron muy claro.

Desde el punto de vista personal, había que ver los acontecimientos ocurridos como una agresión personal (que lo fue) y responder en consecuencia a través de acciones del mismo carácter, apoderando la jurisdicción penal en contra de los supuestos detectives que se presentaron en sus hogares y lugares de trabajo a amedrentarles, así como del propio Senador quien había reconocido haber enviado a esas personas a investigarlas.

Pero había otra manera de tratar el asunto: la institucional. Mi opinión era que había que hacer abstracción de la agresión personal y pensar que ellas habían sido abordadas por estas personas, en su calidad de periodistas, mujeres, con la única intención de obtener la revelación de las fuentes periodísticas utilizadas en los medios de prensa en que laboran para la publicación de las noticias relacionadas con el Senador.

En ese sentido, entendía que lo más conveniente era recurrir en amparo con la finalidad de proteger un derecho y deber de los periodistas de mantener el secreto de sus fuentes de información. El aporte al periodismo dominicano tendría mayor alcance aunque sería menos comprendido.

La incomprensión se debería esencialmente al hecho de que todo el mundo entendería que el Senador merecía un castigo personal, probablemente con razón; sin embargo, sería más interesante aprovechar la violación a un derecho fundamental como mecanismo para el reconocimiento institucional de un derecho que, aunque consagrado por instrumentos internacionales y de manera tácita en nuestra Constitución, no había sido objeto del escrutinio judicial a pesar de que no había sido ésta la primera vez que alguien trataba de obtener el origen de fuentes periodísticas en la República Dominicana. 

Como estudiosa del derecho de la información, entendía necesario que lográramos el reconocimiento jurisprudencial de la inviolabilidad del secreto de las fuentes periodísticas que aprovechara a todos los periodistas en el país y sirviera de precedente en el futuro; pero sobre todo, que sirviera como advertencia a todo aquel que entendiera que es posible limitar el trabajo de los periodistas en nuestro país.

Así pues, mis amigas periodistas tomaron la decisión de elevar un recurso de amparo contra el Senador Alejandro Williams con la finalidad de proteger el referido derecho e iniciamos juntas este camino judicial que culminó, el pasado viernes 22 de mayo con una sentencia histórica en materia de derecho de la información.

El juez Pedro Reynaldo Vásquez Lora falló como esperábamos al reconocer que “existe sin lugar a dudas una conculcación al derecho de confidencialidad del secreto de las fuentes, que no es limitativo, que se extiende inclusive a los apuntes de los periodistas o cualquier instrumento o herramienta electrónica propio de su profesión, y que tales actuaciones por la relevancia pública ameritan ser protegidos, pues forman parte indisoluble del derecho a la información y la libertad de expresión con los límites que constitucional y legalmente están establecidos; y el sistema constitucional reconoce un Estado de Derecho en donde impere el respeto a las libertades públicas y los derechos humanos, y los jueces como órganos de control político en funciones de amparo frente a los atropellos de autoridad pública y entre los propios particulares.”

La sentencia fue más allá, al señalar en su dispositivo que “Declara la confidencialidad del secreto de las fuentes y la invulnerabilidad del derecho a la información como derechos indisolubles e inmanentes a la libertad de expresión.

Muchos quedaron insatisfechos, todos preguntaban por qué no había sanciones contra el Senador, lo que demuestra que estamos en un país en el cual las sanciones morales no son medidas en su justo valor.

Tal vez al Senador Williams y a muchos no les importe el contenido de la sentencia. No importa, no era nuestro objetivo. Desde el principio tuvimos muy claro que nuestra meta era la consagración jurisprudencial del secreto profesional de los periodistas y lo logramos.

Creo que nuestra estrategia desarticuló al adversario, quien estaba preparado para responder frente a acciones penales de carácter exclusivamente personal. El triunfo de María Isabel, Margarita y Norma, va más allá, es un triunfo del periodista dominicano.

Como abogada, ha sido un honor para mí haber servido legalmente a esas dignas mujeres representantes de un periodismo serio y decente, de ese que hace tanta falta en nuestro país.

Williams es sólo una anécdota en una sociedad plagada de personas que abusan de su poder para imponer sus criterios y así fue tratado.

Ahora le corresponde al Senado decidir sobre las sanciones personales en contra de uno de sus miembros que irrespetó su investidura y se colocó al margen de la ley, usando su poder personal para violar los derechos fundamentales de tres periodistas y con ello atentar de manera directa contra el libre ejercicio del periodismo en nuestro país.

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